Nacido en los primeros años del nuevo siglo, al fin de la primera década el tapón de vidrio contabiliza algunas adhesiones entre las bodegas del mundo. Indudablemente su elegante forma – que semeja a un delicado hongo de cristal – otorga cierta distinción a los vinos premium. Sin embargo la crisis de la industria no le permite aún una expansión explosiva.

Muchas veces es difícil definir la capacidad de envejecimiento de un vino, lo que hace que a la hora de disfrutar ese vino que guardamos por muchos años sea una verdadera tragedia, ya que al abrirlo nos damos cuenta de que caducó.

Afortunadamente las bodegas podrán conocer la capacidad de envejecimiento de los vinos jóvenes a través de una nueva herramienta que permite analizar los antocianos (pigmentos que colorean de rojo azulado la uva tinta) en las diferentes etapas de la elaboración del vino (mosto, descube y vino final).

Este nuevo método, que ayuda a conocer de forma rápida la calidad y envejecimiento de los vinos, fue presentado en una tesis la investigadora Miriam Romera en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en el trabajo titulado Aplicación de la Espectroscopía FT-IR a la determinación de antocianinas en muestras enológicas de Rioja.
Ahora bien, ¿qué son los antocianos? En este caso son los pigmentos naturales responsables del color rojo azulado de la piel de la uva tinta y del vino tinto. Estos compuestos, pertenecientes a la familia de los polifenoles se encuentran en las vacuolas de las células del hollejo de la mayoría de las uvas tintas y en las variedades denominadas “tintoreras”, también se encuentran en la pulpa.

Estos componentes se extraen durante la maceración y fermentación del mosto, sufriendo cambios durante el envejecimiento del vino en la barrica y/o en la conservación en la botella.

¿Y por qué son importantes en el envejecimiento de los vinos?, bueno, es que la concentración de los antocianos está relacionada con la capacidad para su envejecimiento en barrica, siendo (1/3-4) la relación óptima antociano/tanino para una buena práctica de envejecimiento, y además de su relación con la calidad y estabilidad del color del vino, los antocianos también influyen en otras propiedades organolépticas como la astringencia y el amargor.

La nueva técnica desarrollada para estudiar estos componentes es la espectroscópica, la cual es mucho más rápida y económica que las técnicas cromatográficas empleadas hasta el momento.

Así que este nuevo estudio puede llevar a conocer mejor los vinos jóvenes para decidir cuál envejecer y cuál no.